miércoles, 23 de noviembre de 2011

La España de dos velocidades



 
La España de dos velocidades
 
¿Cuál es la voz profética de la iglesia en estos tiempos turbulentos?
22 DE NOVIEMBRE DE 2011
 La salida de España de la crisis se presenta difícil. Alemania y algunos países ricos de la eurozona se niegan a emitir deuda común, crear eurobonos o tener una política decidida para terminar con la especulación de las deudas soberanos de los países más débiles. ¿Qué puede hacer España antes esto?

La España desencantada de este primer cuarto del siglo XXI tiene muchas razones para desconfiar del liderazgo de la “Dama de Hierro” y “El pequeño Napoleón”.  Los gobiernos de Francia y Alemania han demostrado que lo único que les importa son sus intereses personales y lo que opine su electorado . Mientras piden sacrificios imposibles al resto de sus socios, los líderes alemanes y franceses no están dispuestos a sacrificar su posición en Europa ni su estabilidad presupuestaria.

El presidente del Consejo Europeo Herman Achille Van Rompuy, el Parlamento y todas las instituciones de Europa son papel mojado en este momento. ¿Qué puede hacer España ante esto?

 Dicen que la capacidad de los países para cambiar sus políticas es muy limitada, que las ordenes las dicta Bruselas vía Berlín, pero aún hay margen . España debe convocar una reunión con los miembros de la Unión Europea perjudicados por la política de Merkel y adoptar una política común. La estrategia del nuevo gobierno será buscar la viaja alianza con Gran Bretaña y conseguir que algunos países como Polonia o Portugal se unan en un frente común contra el frente franco alemán, pero en el fondo, la derecha española comparte algunos de los planteamientos de los conservadores franceses y alemanes.

 Lo más triste de toda esta geopolítica de altos vuelos es que la Europa de las dos velocidades que propone el gobierno alemán consiste en unos europeos de primera clase y otros de segunda . Unos ciudadanos cada vez más ricos y otros cada vez más pobres. La división social puede llevar a un lustro de confrontaciones sociales parecidas a las de 1848. La crisis comercial y alimenticia de 1845, la crisis industrian inglesa de 1847 llevó a Europa a una larga recisión, que desembocó en la revolución de febrero y que se extendió al resto del continente en los meses siguientes.

En los próximos meses veremos como Europa se dividirá aún más y los movimientos populares harán un pulso a los gobiernos conservadores. El incremento del racismo y la violencia social es imparable si no se toman medidas urgentes.

 La pregunta final es sin duda: ¿Qué debemos hacer los cristianos ante la discriminación, la injusticia y el desamparo? ¿Cuál es la postura de los cristianos europeos ante una sociedad cada vez más alejada de los valores cristianos? ¿Cuál es la voz profética de la iglesia en estos tiempos turbulentos

viernes, 18 de noviembre de 2011

John Knox: el ascenso del predicador



 
John Knox: el ascenso del predicador
 
La fama de predicador Knox se extendió por toda Inglaterra.
 
Una fría mañana de febrero de 1549, llegaron buenas noticias a los encarcelados por el rey. Eduardo VI decidió perdonar la vida a los protestantes de Escocia y John Knox recibió la libertad.

Tras seis años de cautiverio, Knox regresó a casa. Se había forjado un líder indestructible que cambiaría Escocia para siempre. ¿Cómo ejercería Knox su ministerio? ¿Cuál sería el resultado final del enfrentamiento entre católicos y protestantes en Escocia?

 Las cosas parecían marchar bien de repente . Ahora Knox era predicador invitado por el gobierno inglés y permaneció en Londres sin ser molestado.

Al poco tiempo pidió el traslado a una iglesia modesta de una ciudad llamada Berwick, en la que vivían hacinados miles de emigrantes escoceses. Eran hombre rudos y la convivencia entre la comunidad inglesa y escocesa se hacía difícil, pero Knox logró el equilibrio y permitió la convivencia de los dos grupos.

Las predicaciones de Knox siempre se centraban en la vivencia espiritual y en la condena de los ritos externos. El reformador era implacable contra la Iglesia de Roma y las medias tintas de la Iglesia de Inglaterra.

Desde su humilde capilla en Inglaterra seguía con interés las luchas que se producían en Escocia. Los protestantes habían logrado imponerse a los católicos, pero todavía la regente María dominaba el poder del Estado. Knox no dudó en enviar un mensaje a sus compatriotas, animándoles a la lucha armada:  No ahorréis flechas .

 Es sencillo juzgar a un hombre con los valores de nuestro siglo, pero los personajes históricos han de verse a la luz de su tiempo.  En el siglo XVI, la guerra y la violencia eran comunes, no había el sentimiento anti violento de nuestros tiempos. Pensemos más bien, que hubiera hemos hecho nosotros en su lugar, viviendo las circunstancias que ellos vivieron.

La fama de predicador Knox se extendió por toda Inglaterra y recibió varias ofertas para pastorear iglesias, entre ellas la de un obispado, pero se conformó con una nueva congregación en All Hallows, en la ciudad de Londres.

El éxito ministerial hizo que circularan toda clase de rumores a su alrededor, pero sus sermones eran tan apreciados en Inglaterra que fue nombrado capellán real. Ahora podía predicar en presencia del mismo rey. También fue uno de los elegidos para repasar el texto del Libro de oración común  y propuso quitar de él todo lo que oliera a ritualismo y sacerdocio de los pastores, en contra de las líneas más moderadas de la Iglesia de Inglaterra.

En 1553, se prometió con la hija de una mujer muy rica e influyente, una joven llamada Marjory, aunque el padre de la joven era católico y no consentía la boda, los dos siguieron viéndose a escondidas.

Los enemigos católicos de Knox comenzaron a urdir un plan para terminar con su fama, reputación y ministerio. ¿Cómo terminaría su estancia en Inglaterra?

jueves, 3 de noviembre de 2011

John Knox: se enciende la luz en Escocia

Cuando John Knox sintió la llamada al ministerio no respondió inmediatamente. Necesitaba estar seguro de que el paso que daba era el correcto. ¿Podría él servir a Dios?

Una característica fundamental era que el temperamento de Knox era muy fuerte. Él era consciente de ello, pero al igual que muchos escoceses estaba cansado de los abusos de la Iglesia Católica.

Un ejemplo. El todavía joven reformador acudió en una ocasión a una iglesia católica en la que se hablaba abiertamente en contra de la Reforma. Cuando el sacerdote defendió desde el púlpito que la Iglesia Católica podía dictar quién era un hereje y condenarlo, Knox se puso en pie en medio de la congregación y afirmó que la Iglesia Católica estaba tan corrupta que no era quien para juzgar a nadie.

Después de aquel incidente, Knox se decidió a ser predicador. El primer sermón del reformador escocés levantó mucha expectación. La iglesia estaba repleta aquel día. Muchos monjes y sacerdotes habían acudido a la cita para desprestigiar al joven y altivo predicador.

Knox hablo sobre el libro de Daniel, capítulo siete. Describió los diferentes imperios que representaba la gran estatua de la visión del profeta, para añadir al final, que el último imperio derrotado sería el de Roma. Una Roma representada por el papado y la curia romana. Denunció las herejías de la Iglesia Católica y la vida licenciosa de los papas.

Nadie contradijo al predicador, y su sermón corrió como el fuego entre los protestantes y los católicos, que le pidieron discutir sobre el tema en privado, pero al final se negaron a aceptar sus ideas.

 La valentía de Knox le costaría la libertad . Los católicos escoceses solicitaron ayuda a Francia para asaltar el castillo de San Andrés y eliminar a los protestantes de la ciudad.

En 1543, la ciudad fue asaltada por los franceses y  Knox fue llevado a galeras . Una dura condena de la que muchos no regresaban con vida.

Siendo prisionero no dejó de denunciar las prácticas supersticiosas de la Iglesia Católica. Rechazó besar un ídolo que llevaban sus carceleros, después de una celebración religiosa. La tomó en sus manos y la arrojó al mar.

 Tras seis años de cautiverio, Knox regresó a casa. Se había forjado un líder indestructible que cambiaría Escocia para siempre. 

¿Cómo ejercería Knox su ministerio? ¿Cuál sería el resultado final del enfrentamiento entre católicos y protestantes en Escocia?

Martín Lutero: la voz de los sin rostro

Una de las figuras más vilipendiadas dentro y fuera del mundo cristiano ha sido la del reformador alemán Lutero. Para muchos se quedó corto en sus reformas y animó la persecución contra los judíos y los anabaptistas, para otros fue un monje sensual y carnal. ¿Cuál es la verdadera personalidad del reformador protestante? 

Lutero es sin duda un personaje complejo. Su personalidad y educación, su carácter y temperamento, abren muchas luces y sombras en su vida y obra. Hijo de un “triunfador” que se había hecho así mismo, con una madre poco cariñosa y cercana, Lutero tuvo una personalidad fría y defensiva. Su profundo miedo a la muerte y la sensación de que nunca cumplía las expectativas de su padre, le hicieron un joven temeroso y taciturno. Estudió derecho por imposición paterna, pero un encuentro fortuito con la muerte le aproximó a la Iglesia y se hizo monje.

 La Orden de los Agustinos, en la que ingresó Lutero, era sin duda la más evangélica y bíblica de las órdenes religiosas católicas. Su fundador, San Agustín, había sido una apologeta y lector incansable de la Biblia. Allí recibió Lutero una educación teológica adecuada y se convirtió en profesor de Biblia en la Universidad de Wittemberg.

Wittenberg era una pequeña ciudad de Sajonia que poco o nada tenía que ver con los grandes centros culturales del resto de Alemania o Europa.  El príncipe Federico era un hombre supersticioso y ambicioso, pero detrás de su fachada de altanero y orgullo, se escondía una persona profundamente sensible al mundo espiritual. 

 Cuando la venta de indulgencias llegó a Sajonia, Lutero ya había descubierto a través de la Biblia los principios básicos de su predicación.  Se sentía en paz con Dios, tras haber descubierto que la salvación no se alcanzaba, que era un regalo divino. Ese regalo no era gratuito, Jesucristo había pagado con su vida para salvar al hombre, ocupando su lugar en la cruz.  La venta de indulgencias enfurecieron a Lutero por dos razones: eran un engaño y eran un abuso. 

 Desde el primer momento Lutero se convirtió en la voz de los sin rostro. De las miles y cientos de miles de personas que soportaban la explotación y abusos de la nobleza y de la iglesia, que lo único que querían de ellos era su fuerza de trabajo y su dinero.

 ¿Por qué hizo esto Lutero? Martín Lutero pertenecía a esa clase privilegiada. Su posición era acomodada y su educación profunda, pero no soportaba que la iglesia fuera utilizada para enriquecer a unos pocos en detrimento del pueblo.  Lutero quería que el Evangelio que le había salvado a él, llegara a toda Alemania y a todo el mundo. 

 Sus escritos sacudieron a la vieja Europa del siglo XVI . Destruyeron los principios medievales, machacaron los dogmas de una iglesia alejada de las Escrituras. Un hombre contra un Imperio y la Iglesia más poderosa de la Tierra. Parecía una lucha desigual, pero cuando los hombres obedecen a Dios, como dijo John Knox: “un hombre de Dios siempre está en mayoría”.

 ¿Por qué debemos seguir levantándonos los protestantes hoy en día? 

Debemos denunciar todo aquello que se dice en nombre de Dios y no está en las Escrituras: Paganismo ritualista, intermediarios entre Dios y los hombres, absoluciones plenarias, la necesidad de las obras, la riqueza de las iglesias, el odio al prójimo…

La labor debe hacerse hacia dentro y hacia fuera. Muchos preferirían el silencio a al murmullo de la multitud, la penumbra a la luz deslumbrante de Cristo. Lutero fue la voz de los sin rostro, seamos nosotros el eco de las palabras que en estos días retumban en las paredes de Wittemberg hacia el mundo: “El justo por la fe vivirá”.

martes, 25 de octubre de 2011

John Knox se hace protestante

En una época en la que dar testimonio público de tu fe podía costarte la vida, Knox se convirtió en uno de los líderes más carismáticos de su tiempo. ¿Cómo fue ese proceso?

Escocia, como la mayor parte de Europa, era un feudo católico. Un feudo no en sentido figurado, la Iglesia poseía la mayor parte de las tierras y hasta el rey se sometía a su voluntad. El poder de la Iglesia Católica era tan grande, que se daba la paradoja de que sus ingresos eran dieciocho veces superiores a los del rey.

 La muerte prematura de Jacobo V hizo que se proclamara a su hija María como reina de Escocia, pero como María era una niña, se nombró un regente: James Hamilton II .

James era un admirador de la Reforma y pidió ayuda a dos hombres para promocionar en el país la lectura de la Biblia. Uno de ellos era  Thomas Guilliame , un ex fraile y John Rough, un monje. Ambos se dedicaron a predicar y extender la Palabra de Dios a lo largo y ancho de Escocia.

 Knox fue uno de los muchos que escucharon las predicaciones de Guilliame . La predicación del ex monje le conmovió tanto, que renunció a su cargo de notario papal y se unió a la causa evangélica.

 Las facilidades para los protestantes terminaron tras la muerte de James Hamilton II, la madre de la reina fue proclamada regente y comenzó una persecución hacia los evangélicos . No olvidemos que la reina madre, María de Guise, pertenecía a la corona francesa, una de las que más persiguió a los reformados.

Mientras la persecución arreciaba, un nuevo evangelista comenzó a mover a las masas escocesas,  George Wishart . Knox fue a uno de sus sermones y terminó uniéndose al movimiento evangelístico que Wishart tenía en el reino. Knox sirvió de guardaespaldas al evangelista, ya que era corriente que grupos de fanáticos católicos acudieran a las reuniones para matar a los predicadores o los asistentes.

Después de unas semanas con Wishart, Knox regresó con sus pupilos, ya que se dedicaba a dar clases privadas. Al poco tiempo, Wishart fue apresado y ejecutado por el arzobispo de San Andrés.

Unas semanas después,  un grupo de caballeros aprovechó la salida del castillo de San Andrés de la amante del arzobispo, entró en el edificio y le ejecutó. Los caballero se hicieron con la ciudad y la reina madre envió fuerzas para aplastar a los protestantes.

El asedio comenzó 1546, pero un año más tarde, los caballeros seguían dominando la fortaleza. Knox se unió a ellos.  Dentro de las murallas del castillo, Knox dejó la espada y comenzó a utilizar la palabra . Se convirtió en predicador. Cuando los miembros del castillo le pidieron que fuera su pastor, Knox se echó a llorar. Nunca había imaginado que Dios le llamara para su servicio. El joven escocés había entrado al servicio de Dios, ya no lo abandonaría nunca.

 ¿Qué sucedió con el joven pastor? ¿Cómo contribuyó Knox al avivamiento de Escocia? 



Mario Escobar

Lutero y Valdés I

En algunos casos la simbiosis fue total , hasta el punto de que algunos erasmistas terminaron por separase de la línea ambigua, después de abierta condena, que tomó el Holandés  frente a Lutero, y su negativa a unirse a las filas de los reformados.  Uno de esos hombres era conquense, estudiante en Alcalá de Henares y ciudadano del mundo, se llamaba, Juan de Valdés.

Juan fue uno de los primeros españoles en abrazar la fe reformada, aunque sea difícil encasillarlo en cualquier tipo de dogmatismo. Tal vez, esta negativa a encasillarse, ha creado mayor dificultad; por ello algunos historiadores han puesto en duda sus ideas reformadas protestantes, queriendo asociarlo a los diferentes grupos de reformistas moderados que surgieron dentro de la Iglesia Romana.

Antonio Fernández Luzón se inclina claramente hacia el protestantismo valdesiano cuando afirma que  Juan de Valdés, al que Bataillon adscribió al erasmismo, es hoy generalmente admitido como luterano después de los estudios de Nieto, Gilly y Firpo [ii] .  Lo mismo pensaban Menéndez Pelayo, el Dr. Manuel Gutierrez, el Dr. José Flores; Werner Thomas habla de la aparición de Juan de Valdés como luterano en la lista de 1533, entregada al tribunal de Toledo por el clérigo manchego Diego Hernández [iii] .

Con el fin de  descubrir a la persona escondida detrás del “personaje” , introduzcámonos en sus vivencias más íntimas y en los primeros años de su formación, conociendo a su familia y algunas de las personas que lo rodearon en esta etapa.

Los Valdés provenían de una familia conversa de Cuenca, con precedentes de apoyo a la revuelta de los comuneros a favor del Marqués de Villena [iv] . El padre de Juan se llamaba Hernando y trabajaba bajo las órdenes de otro judío converso, el primer Marques de Moya, Andrés de Cabrera. Esta unión con los Marqueses de Moya permitió a la familia Valdés prosperar bajo su sombra. Cuando los Marqueses se pusieron durante la Guerra Civil de 1475 al lado de la entonces princesa Isabel, no podían ni imaginar los beneficios que esto iba a reportarles. De ser unos nuevos nobles, pasaron a ocupar una posición importante en la Corte Castellana. Hernando, por su parte, recibió la vacante de regidor de Cuenca. El padre de Juan se casó poco después con María de Barrera que procedía como él de familia conversa.

La pareja tuvo doce hijos de los que sólo nueve llegaron a la mayoría de edad. Por no enumerar a todos destacaremos a Andrés de Valdés, el primogénito, que ocupó el regimiento conquense del padre; Diego, Arcediano de Villena y canónigo de Cartagena; Francisco, maestre sala del Marqués de Moya y Alonso, secretario del emperador Carlos V. Los Valdés habían alcanzado en muy pocas generaciones un gran prestigio social, que hizo olvidar durante algún tiempo sus orígenes judíos. Alonso, por ejemplo, había llegado al escalón más alto dentro del sistema burocrático de su tiempo.

La única forma de ascender socialmente para un burgués en aquel momento era el ejército, la religión o la administración real. La carrera de Alonso no fue fácil, pero la ayuda de sus hermanos y el Marque de Moya, le allanaron el camino.

 Juan, que es la figura central de este capítulo, nació en 1501 , vivió alejado de la Corte, seguramente preparándose para ser sacerdote seglar o secular. Sus primeros estudios debió recibirlos en el patrocinio capitular existente en Cuenca, aunque poco se sabe de su vida en dicha ciudad. De allí  marchó a Escalona hacia el 1523 para entrar a trabajar en la casa de don Diego López Pacheco [v] .

La vida de Juan debió ser tranquila ya que el Marqués, de avanzada edad, pasaba sus últimos años en un apacible retiro alejado de las pasiones mundanas.  Según algunos procesos inquisitoriales, don Diego tenía a su cargo a un predicador acusado años más tarde de alumbrado, llamado Pedro Ruiz de Alcaraz [vi] . El Marqués, sus siervos y familiares escuchaban atentamente sus enseñanzas y  fue, con toda seguridad, el primer maestro espiritual de Juan.  Este primer contacto con temas espirituales le debió marcar profundamente, arrepintiéndose del tiempo perdido leyendo y viviendo mundanamente, preocupado en lecturas de caballería, como el mismo confiesa en su libro  Diálogo de la Lengua.

 En el año 1527 entró en la universidad de Alcalá de Henares , para estudiar griego y posiblemente también hebreo, teniendo como maestro a Francisco de Vergara. Durante dos años asistió a clase,  donde pudo observar por primera vez como corrían verdaderos vientos de reforma erasmista  en las aulas Alcalaínas. Joven amigable y de gran facilidad para el estudio, se ganó la simpatía de profesores y compañeros, convirtiéndose en pocos años en un verdadero erudito de lenguas clásicas como el griego, el hebreo y el latín. En el dominio del castellano se le consideraba un verdadero genio.

 Las inquietudes espirituales que Juan llevó a Alcalá, fruto de su conversión en Escalona, le hicieron reflexionar sobre la incapacidad del hombre para alcanzar la salvación por sus propias fuerzas. No se sabe a ciencia cierta, si estas ideas del pequeño grupo de la casa del Marqués de Villena, ahondan sus raíces en las tierras de la Reforma Alemana, pero por el número de obras de Lutero que circulaban en ciertos medios sociales y culturales, bien podían ser estas las inspiradoras de las prédicas de Alcaraz. El mismo Juan debió tener acceso a dichas obras por medio de su hermano Alonso.

 Las vivencias espirituales de Valdés, unidas a las lecturas anteriormente citadas, en un ambiente abierto y receptivo, como la Universidad Alcalaína, dieron a luz su libro:  Diálogo de Doctrina Cristiana [vii] . Sería un error creer que la voz de Juan era una gota en un océano de indiferencia, ya que sus inquietudes era compartida por un gran número de profesores y alumnos.

El  Diálogo de la Doctrina Cristiana  fue impreso por Miguel de Eguía, y vio la luz el 14 de enero de 1529. Juan prefirió no darse a conocer y la obra salió con autor anónimo. El libro armó un gran revuelo y fue entregado a una comisión de la Inquisición para ser examinado, la cual dictaminó que la revisión de algunos textos confusos era suficiente para darle el visto bueno y permitir su difusión, dejando dormir tranquilo a nuestro protagonista. Con este catecismo Valdés se anticipaba a los de Lutero, que aparecieron en abril y mayo de ese mismo año.

 Aunque el juicio del  Diálogo de la Doctrina Cristiana  puede parecernos benigno, hemos de añadir, que en una carta dirigida a los tribunales de distrito de la Inquisición desde la Suprema, órgano máximo de la Inquisición, con fecha 27 de Agosto de 1529, su lectura quedó prohibida. A pesar de todo su difusión es muy importante, de hecho Bataillon lo redescubrió en Lisboa, lo que nos habla de su difusión más allá de las fronteras castellanas. Entre los lectores afamados está el inquisidor de Navarra, Sancho Carranza de Miranda, que encantado con la obra la distribuyó por su diócesis.

 Otros proyectos de Valdés, como la traducción de algunos libros de Lutero y Escolampadio, pusieron a la Inquisición tras su pista. La protección que rodeaba a Valdés por parte de los profesores erasmistas, no podía frenar por más tiempo el brazo inquisitorial. En este periodo tan temprano a Valdés ya se le consideraba luterano, así lo defiende Llorente en su libro, aportando un documento de la Inquisición que dice:  (sus ideas) consideradas como luteranas y su autor declarado formalmente hereje. No se le pudo meter en prisión porque se había marchado de España [viii] .

 Sus perseguidores fueron estrechando el cerco y Juan decidió salir del país , antes de que la cosa llegara a mayores. Nuestro protagonista tuvo que dejar su amada Alcalá, ya que las nubes de la intolerancia y la represión empezaban a nublar el cielo hispano.

 
 
 
   [i]  José Luís Betran comenta en el libro coordinado por GARCÍA CÁRCEL,  Historia de España Siglos XVI y XVII,  Catedra, Madrid, 2003. pp 178-179:  el grupo de humanistas de París, muy vinculado a Erasmo, de los Población, Oliver o Gélida, iría tomando contacto con el luteranismo.  Algo parecido le pasó a Juan de Valdés y a otros reformados españoles.
 [ii]  GARCÍA CÁRCEL (coord),  Historia de España Siglos XVI y XVII,  Catedra, Madrid, 2003. pp 531-532.
 
   [iii]  THOMAS, Werner,  La Represión del protestantismo en España 1517-1648,  Leuven university Press, Louvain, 2003. p 170.
 
   [iv]  Ibídem . 169.
 
   [v]  Segundo Marqués de Villena.
 
   [vi]  De Alcaraz hemos hablado en el capítulo dedicado a los alumbrados o  dexados  de Toledo.
 
   [vii]  Bataillon vio en este libro la clara influencia de Erasmo, Nieto cree que las influencias de Valera venían de mano de los dexados y Alcaraz, y que su proyecto del Diálogo de Doctrina Cristiana es anterior a la estancia en Alcalá. NIETO,  Juan de Valdés y los orígenes de la Reforma en España e Italia,  Fondo Cultura Económico, Madrid, 1979. p 178.
 
   [viii]  Citado por NIETO, Op cit, p 231. Del libro de Llorente  Historia Crítica de la Inquisición.

viernes, 21 de octubre de 2011

MÁS ALLÁ DE TOPEKA

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Origen y creencias del movimiento pentecostal (IV)

El sabio Platón puso en boca de su amado maestro Sócrates las palabras aprendidas y las propias, hasta no llegar a distinguir entre lo uno y lo otro. Por ello cuando Sócrates en uno de sus diálogos memorables le dice a Fedro con respecto de la importancia de la verdad en el discurso: “Es aquel que unido al conocimiento se escribe en el alma del que aprende; aquel que por una lado sabe defenderse así mismo; y por otro hablar o callar ante quienes conviene” (1). Le informa que lo aprendido es imposible separarlo de lo propio, ya que todo, en definitiva, es aprendido. Los errores ajenos también pueden ayudarnos a recorrer el camino.

Los orígenes del pentecostalismo pueden remontarse casi hasta donde la imaginación alcance. Desde el Espíritu Santo moviéndose por la faz de las aguas, pasando por las escuelas proféticas, La voz audible de Dios a Samuel, la llenura del rey Saúl, el baile de David ante el arca o los sueños de Daniel, pero si bien, todos estos hechos definirían el pentecostalismo, como manifestación de Dios a través de los tiempos, no llegarían a aprehender los parámetros, medidas y formas del pentecostalismo contemporáneo.

Recorrer otro camino y llegar a los orígenes de la Iglesia, el día de Pentecostés, los Hechos de los apóstoles o las cartas apostólicas, nos ayudarían a acotar el origen y raíz de algunas doctrinas, pero tampoco servirían para identificar y expresar el pentecostalismo moderno. El pentecostalismo, aunque a los pentecostales no nos guste reconocerlo, tiene una tradición propia. Las raíces metodistas del pentecostalismo, que tantas veces se han argüido, los movimientos anabaptistas de tintes proféticos, el puritanismo inglés o las iglesias congregacionalistas norteamericanas, son base y raíz de algunos rasgos del pentecostalismo, pero, con toda seguridad, lo son de los más genéricos e interdenominacionales. Los mismos orígenes que se pueden ver en las Iglesias bautistas o las Asambleas de hermanos.

¿Dónde nace pues la verdadera raíz del pentecostalismo contemporáneo? Algunos críticos dirán, que en la teología milagrera de Dowie, en el fanático de Parham, en el mesianismo de la señora Beuhla o en Sanford, el fundador de la “lluvia tardía”. Todos estos y otros muchos son efecto que no causa del movimiento pentecostal. La raíz, como siempre que hay un nuevo despertar, un acercamiento a la Palabra de Dios, un deseo de santidad, nace de la aspiración del pueblo por buscar a Dios.

En palabras de Séneca SACRA POPULI LINGUA EST (2): “El Pueblo de Dios busca la auténtica voz de Dios”. Uno de los primeros líderes del nuevo movimiento nacido del Gran Despertar norteamericano y británico fue John Alexander Dowie. A Dowie no puede considerársele un pentecostal como tal, ya que no tiene algunos rasgos fundamentales como: el énfasis en los dones, las lenguas o la forma cúltica. A pesar de ello, Dowie fue uno de los iniciadores modernos de las grandes campañas evangelísticas, que luego se hicieron comunes en Estados Unidos, Australia o Reino Unido.

Nacido en 1847 en Edimburgo, Escocia, en el seno de una familia cristiana. Se integró rápidamente en la iglesia de sus padres, en una humilde capilla de su ciudad. A los trece años, después de su conversión, viajó con sus padres a Australia. A pesar de su escasa formación logró medrar en su nuevo país y convertirse en un hombre de negocios. A los veintiún años tomó la decisión de dedicar el resto de su vida a Dios. Estudió en la Universidad de Edimburgo en la Facultad de la Iglesia Libre. Su primera misión fue la de capellán de la enfermería de su facultad. Allí se decepcionó del trato que se daba a los enfermos y de las pocas esperanzas que proporcionaba la medicina en aquella época. Muchos autodenominados médicos eran simples mercachifles que sacaban fortunas a sus pacientes por supuestas recetas milagrosas. Tras su regreso a Australia pastoreó una iglesia en Alma, después pastoreó otras congregaciones por el país. Al llegar a la dirección de la iglesia de la calle Newton, en Sydney, una terrible epidemia de desató en la ciudad y que permitió que Dowie pusiera en práctica sus creencias sobre los dones de sanidades.

En 1876 se casó con Jeanie y dos años más tarde abandonó su denominación para crear una iglesia independiente. En 1888, Dowie estableció su residencia en California y comenzó campañas de sanidad por todo el estado. Después de recorrer todos los Estados Unidos se instaló en Chicago. Aprovechando la exposición universal que se hizo en la ciudad, el reverendo Dowie instaló a la entrada una carpa con un gran cartel que decía “Cristo es todo”. Abrió “Casas de Sanidad” por toda la ciudad, lo que levantó las iras de algunos sectores y fue acusado de abrir clínicas ilegales. Pagó una multa, pero el Tribunal Supremo le dio la razón en última estancia. Creo la revista “Hojas de Sanidad”, que tuvo un gran número de subscritores.

En el año 1900 planeó la construcción de una nueva ciudad llamada Sión, pero la soberbia logró que Dowie tomara en serio las adulaciones de algunos que le proclamaban el Elías que había de venir. En 1904 se autoproclamó Primer Apóstol, pero sufrió un ataque cardiaco mientras predicaba, tras una breve estancia fuera de la ciudad fue expulsado por el Consejo de la Ciudad de Sión.

Los últimos meses, antes de su muerte en 1907, recuperó la cordura y regreso al mensaje primigenio del Evangelio. J. V. V. Barnes dijo de él:
“...la última noche que John Alexander pasó en esta Tierra, estaba una vez más en el espíritu, sobre la plataforma, hablando a multitud de su gente. Esa noche predicó pensando que exponía los principios del evangelio a miles de personas. Mientas enseñaba las viejas verdades...cayó otra vez en un sopor...La última canción que cantó, mientras la luz del día comenzaba a asomarse fue: “Soy un soldado de la Cruz”.

A pesar de los graves errores de Dowie, su ministerio produjo miles de conversiones y confirmó en el pastorado a muchos predicadores que continuaron la labor que el abandonaba. Es fácil juzgar desde nuestra posición el envanecimiento de Dowie y su caída, pero la vanidad, el pecado más común de los predicadores, puede seducirnos a todos.

El profeta Jeremías nos da la clave para entender la Historia de la Iglesia y no caer en sus tropiezos cuando dice: Maldito el hombre que confía en el hombre(3).