Hace poco se han editado la correspondencia del famoso bibliófilo Luis Usoz y Río con, su inestimable amigo y colaborador, Benjamín Wiffen. Un español y un británico que descubrieron, publicaron y salvaron del olvido la memoria dormida de los protestantes españoles.
11 DE SEPTIEMBRE DE 2011
Al filo de 1845, las cosas no habían cambiado mucho en España. El país se encontraba dividido entre los partidarios de la reina Isabel II y los del candidato Carlos María Isidro de Borbón, el país apenas se había recuperado de los cambios políticos de Fernando VII y los intentos liberales por traer al reino la modernidad política y económica que tanto necesitaba, se veían frustrados por numerosos alzamientos militares.
Un burgués de aspecto vulgar esperaba impaciente la llegada de unos libros enviados desde Cartagena , en el bajo fondo de un baúl. Mientras observaba el cielo despejado de Madrid, repiqueteaba con su bastón el suelo empedrado de la plaza, un mozo sale de la oficina de correos cargando el pesado baúl y el burgués le pide amablemente que le siga.
Una vez en casa, después de cerrar la puerta con llave, el hombre abre el baúl con presteza. Lanza los primeros libros al suelo sin prestarles atención, pero al llegar al fondo aparta con cuidado una tela de terciopelo rojo y toma delicadamente un tomo raído y amarillento. Luego se aproxima a la ventana y lo observa con detenimiento.
Finalmente se acerca su escritorio y comienza a escribir a su amigo inglés. Unos doscientos cincuenta años después, un libro escrito por protestantes españoles regresaba a la Península Ibérica.
Durante más de un decenio, los dos amigos rescatarán y reeditaran 20 volúmenes de los reformados españoles.
Pero, ¿Cómo era la España de Luís Usoz y Río?
El mismo la describe magistralmente en una de sus cartas:
“El estado de las cosas en punto a Religión está muy lejos, en este país, de parecerse al que tienen en Silesia, Prusia y Baviera por causa del modo de obrar de varios eclesiásticos romanistas de aquellos países. Aquí en España es al revés (hablo en general). Porque si el alto clero es papista y ultramontano en demasía, los clérigos de menor jerarquía son, en general, aún más fanáticos, zelotas y farisaicos, con mayor celo por propagar la ignorancia que los clérigos condecorados y ricos. Y las personas aquí no son fanáticamente papistas, son indiferentes en puntos de religión. Los que aquí se llaman liberales, también son enemigos de la libertad religiosa, porque dicen que es un gran mal la libertad religiosa, y un gran bien para España esta unidad religiosa que tienen. Como si pudiera llamar religión esta tenebrosa y asquerosa idolatría en que España se encuentra sumida. No creo que los españoles tengamos, generalmente hablando, otra cosa de cristianos que el nombre [i] ”.
Algunas cosas no han cambiado mucho, otras afortunadamente sí. Si cambiamos los nombres y apellidos, las siglas y las caras, puede que nos sorprenda lo poco que hemos evolucionado en ciento sesenta años.
Un burgués de aspecto vulgar esperaba impaciente la llegada de unos libros enviados desde Cartagena , en el bajo fondo de un baúl. Mientras observaba el cielo despejado de Madrid, repiqueteaba con su bastón el suelo empedrado de la plaza, un mozo sale de la oficina de correos cargando el pesado baúl y el burgués le pide amablemente que le siga.
Una vez en casa, después de cerrar la puerta con llave, el hombre abre el baúl con presteza. Lanza los primeros libros al suelo sin prestarles atención, pero al llegar al fondo aparta con cuidado una tela de terciopelo rojo y toma delicadamente un tomo raído y amarillento. Luego se aproxima a la ventana y lo observa con detenimiento.
Finalmente se acerca su escritorio y comienza a escribir a su amigo inglés. Unos doscientos cincuenta años después, un libro escrito por protestantes españoles regresaba a la Península Ibérica.
Durante más de un decenio, los dos amigos rescatarán y reeditaran 20 volúmenes de los reformados españoles.
Pero, ¿Cómo era la España de Luís Usoz y Río?
El mismo la describe magistralmente en una de sus cartas:
“El estado de las cosas en punto a Religión está muy lejos, en este país, de parecerse al que tienen en Silesia, Prusia y Baviera por causa del modo de obrar de varios eclesiásticos romanistas de aquellos países. Aquí en España es al revés (hablo en general). Porque si el alto clero es papista y ultramontano en demasía, los clérigos de menor jerarquía son, en general, aún más fanáticos, zelotas y farisaicos, con mayor celo por propagar la ignorancia que los clérigos condecorados y ricos. Y las personas aquí no son fanáticamente papistas, son indiferentes en puntos de religión. Los que aquí se llaman liberales, también son enemigos de la libertad religiosa, porque dicen que es un gran mal la libertad religiosa, y un gran bien para España esta unidad religiosa que tienen. Como si pudiera llamar religión esta tenebrosa y asquerosa idolatría en que España se encuentra sumida. No creo que los españoles tengamos, generalmente hablando, otra cosa de cristianos que el nombre [i] ”.
Algunas cosas no han cambiado mucho, otras afortunadamente sí. Si cambiamos los nombres y apellidos, las siglas y las caras, puede que nos sorprenda lo poco que hemos evolucionado en ciento sesenta años.
No hay comentarios:
Publicar un comentario