miércoles, 23 de noviembre de 2011

La España de dos velocidades



 
La España de dos velocidades
 
¿Cuál es la voz profética de la iglesia en estos tiempos turbulentos?
22 DE NOVIEMBRE DE 2011
 La salida de España de la crisis se presenta difícil. Alemania y algunos países ricos de la eurozona se niegan a emitir deuda común, crear eurobonos o tener una política decidida para terminar con la especulación de las deudas soberanos de los países más débiles. ¿Qué puede hacer España antes esto?

La España desencantada de este primer cuarto del siglo XXI tiene muchas razones para desconfiar del liderazgo de la “Dama de Hierro” y “El pequeño Napoleón”.  Los gobiernos de Francia y Alemania han demostrado que lo único que les importa son sus intereses personales y lo que opine su electorado . Mientras piden sacrificios imposibles al resto de sus socios, los líderes alemanes y franceses no están dispuestos a sacrificar su posición en Europa ni su estabilidad presupuestaria.

El presidente del Consejo Europeo Herman Achille Van Rompuy, el Parlamento y todas las instituciones de Europa son papel mojado en este momento. ¿Qué puede hacer España ante esto?

 Dicen que la capacidad de los países para cambiar sus políticas es muy limitada, que las ordenes las dicta Bruselas vía Berlín, pero aún hay margen . España debe convocar una reunión con los miembros de la Unión Europea perjudicados por la política de Merkel y adoptar una política común. La estrategia del nuevo gobierno será buscar la viaja alianza con Gran Bretaña y conseguir que algunos países como Polonia o Portugal se unan en un frente común contra el frente franco alemán, pero en el fondo, la derecha española comparte algunos de los planteamientos de los conservadores franceses y alemanes.

 Lo más triste de toda esta geopolítica de altos vuelos es que la Europa de las dos velocidades que propone el gobierno alemán consiste en unos europeos de primera clase y otros de segunda . Unos ciudadanos cada vez más ricos y otros cada vez más pobres. La división social puede llevar a un lustro de confrontaciones sociales parecidas a las de 1848. La crisis comercial y alimenticia de 1845, la crisis industrian inglesa de 1847 llevó a Europa a una larga recisión, que desembocó en la revolución de febrero y que se extendió al resto del continente en los meses siguientes.

En los próximos meses veremos como Europa se dividirá aún más y los movimientos populares harán un pulso a los gobiernos conservadores. El incremento del racismo y la violencia social es imparable si no se toman medidas urgentes.

 La pregunta final es sin duda: ¿Qué debemos hacer los cristianos ante la discriminación, la injusticia y el desamparo? ¿Cuál es la postura de los cristianos europeos ante una sociedad cada vez más alejada de los valores cristianos? ¿Cuál es la voz profética de la iglesia en estos tiempos turbulentos

viernes, 18 de noviembre de 2011

John Knox: el ascenso del predicador



 
John Knox: el ascenso del predicador
 
La fama de predicador Knox se extendió por toda Inglaterra.
 
Una fría mañana de febrero de 1549, llegaron buenas noticias a los encarcelados por el rey. Eduardo VI decidió perdonar la vida a los protestantes de Escocia y John Knox recibió la libertad.

Tras seis años de cautiverio, Knox regresó a casa. Se había forjado un líder indestructible que cambiaría Escocia para siempre. ¿Cómo ejercería Knox su ministerio? ¿Cuál sería el resultado final del enfrentamiento entre católicos y protestantes en Escocia?

 Las cosas parecían marchar bien de repente . Ahora Knox era predicador invitado por el gobierno inglés y permaneció en Londres sin ser molestado.

Al poco tiempo pidió el traslado a una iglesia modesta de una ciudad llamada Berwick, en la que vivían hacinados miles de emigrantes escoceses. Eran hombre rudos y la convivencia entre la comunidad inglesa y escocesa se hacía difícil, pero Knox logró el equilibrio y permitió la convivencia de los dos grupos.

Las predicaciones de Knox siempre se centraban en la vivencia espiritual y en la condena de los ritos externos. El reformador era implacable contra la Iglesia de Roma y las medias tintas de la Iglesia de Inglaterra.

Desde su humilde capilla en Inglaterra seguía con interés las luchas que se producían en Escocia. Los protestantes habían logrado imponerse a los católicos, pero todavía la regente María dominaba el poder del Estado. Knox no dudó en enviar un mensaje a sus compatriotas, animándoles a la lucha armada:  No ahorréis flechas .

 Es sencillo juzgar a un hombre con los valores de nuestro siglo, pero los personajes históricos han de verse a la luz de su tiempo.  En el siglo XVI, la guerra y la violencia eran comunes, no había el sentimiento anti violento de nuestros tiempos. Pensemos más bien, que hubiera hemos hecho nosotros en su lugar, viviendo las circunstancias que ellos vivieron.

La fama de predicador Knox se extendió por toda Inglaterra y recibió varias ofertas para pastorear iglesias, entre ellas la de un obispado, pero se conformó con una nueva congregación en All Hallows, en la ciudad de Londres.

El éxito ministerial hizo que circularan toda clase de rumores a su alrededor, pero sus sermones eran tan apreciados en Inglaterra que fue nombrado capellán real. Ahora podía predicar en presencia del mismo rey. También fue uno de los elegidos para repasar el texto del Libro de oración común  y propuso quitar de él todo lo que oliera a ritualismo y sacerdocio de los pastores, en contra de las líneas más moderadas de la Iglesia de Inglaterra.

En 1553, se prometió con la hija de una mujer muy rica e influyente, una joven llamada Marjory, aunque el padre de la joven era católico y no consentía la boda, los dos siguieron viéndose a escondidas.

Los enemigos católicos de Knox comenzaron a urdir un plan para terminar con su fama, reputación y ministerio. ¿Cómo terminaría su estancia en Inglaterra?

jueves, 3 de noviembre de 2011

John Knox: se enciende la luz en Escocia

Cuando John Knox sintió la llamada al ministerio no respondió inmediatamente. Necesitaba estar seguro de que el paso que daba era el correcto. ¿Podría él servir a Dios?

Una característica fundamental era que el temperamento de Knox era muy fuerte. Él era consciente de ello, pero al igual que muchos escoceses estaba cansado de los abusos de la Iglesia Católica.

Un ejemplo. El todavía joven reformador acudió en una ocasión a una iglesia católica en la que se hablaba abiertamente en contra de la Reforma. Cuando el sacerdote defendió desde el púlpito que la Iglesia Católica podía dictar quién era un hereje y condenarlo, Knox se puso en pie en medio de la congregación y afirmó que la Iglesia Católica estaba tan corrupta que no era quien para juzgar a nadie.

Después de aquel incidente, Knox se decidió a ser predicador. El primer sermón del reformador escocés levantó mucha expectación. La iglesia estaba repleta aquel día. Muchos monjes y sacerdotes habían acudido a la cita para desprestigiar al joven y altivo predicador.

Knox hablo sobre el libro de Daniel, capítulo siete. Describió los diferentes imperios que representaba la gran estatua de la visión del profeta, para añadir al final, que el último imperio derrotado sería el de Roma. Una Roma representada por el papado y la curia romana. Denunció las herejías de la Iglesia Católica y la vida licenciosa de los papas.

Nadie contradijo al predicador, y su sermón corrió como el fuego entre los protestantes y los católicos, que le pidieron discutir sobre el tema en privado, pero al final se negaron a aceptar sus ideas.

 La valentía de Knox le costaría la libertad . Los católicos escoceses solicitaron ayuda a Francia para asaltar el castillo de San Andrés y eliminar a los protestantes de la ciudad.

En 1543, la ciudad fue asaltada por los franceses y  Knox fue llevado a galeras . Una dura condena de la que muchos no regresaban con vida.

Siendo prisionero no dejó de denunciar las prácticas supersticiosas de la Iglesia Católica. Rechazó besar un ídolo que llevaban sus carceleros, después de una celebración religiosa. La tomó en sus manos y la arrojó al mar.

 Tras seis años de cautiverio, Knox regresó a casa. Se había forjado un líder indestructible que cambiaría Escocia para siempre. 

¿Cómo ejercería Knox su ministerio? ¿Cuál sería el resultado final del enfrentamiento entre católicos y protestantes en Escocia?

Martín Lutero: la voz de los sin rostro

Una de las figuras más vilipendiadas dentro y fuera del mundo cristiano ha sido la del reformador alemán Lutero. Para muchos se quedó corto en sus reformas y animó la persecución contra los judíos y los anabaptistas, para otros fue un monje sensual y carnal. ¿Cuál es la verdadera personalidad del reformador protestante? 

Lutero es sin duda un personaje complejo. Su personalidad y educación, su carácter y temperamento, abren muchas luces y sombras en su vida y obra. Hijo de un “triunfador” que se había hecho así mismo, con una madre poco cariñosa y cercana, Lutero tuvo una personalidad fría y defensiva. Su profundo miedo a la muerte y la sensación de que nunca cumplía las expectativas de su padre, le hicieron un joven temeroso y taciturno. Estudió derecho por imposición paterna, pero un encuentro fortuito con la muerte le aproximó a la Iglesia y se hizo monje.

 La Orden de los Agustinos, en la que ingresó Lutero, era sin duda la más evangélica y bíblica de las órdenes religiosas católicas. Su fundador, San Agustín, había sido una apologeta y lector incansable de la Biblia. Allí recibió Lutero una educación teológica adecuada y se convirtió en profesor de Biblia en la Universidad de Wittemberg.

Wittenberg era una pequeña ciudad de Sajonia que poco o nada tenía que ver con los grandes centros culturales del resto de Alemania o Europa.  El príncipe Federico era un hombre supersticioso y ambicioso, pero detrás de su fachada de altanero y orgullo, se escondía una persona profundamente sensible al mundo espiritual. 

 Cuando la venta de indulgencias llegó a Sajonia, Lutero ya había descubierto a través de la Biblia los principios básicos de su predicación.  Se sentía en paz con Dios, tras haber descubierto que la salvación no se alcanzaba, que era un regalo divino. Ese regalo no era gratuito, Jesucristo había pagado con su vida para salvar al hombre, ocupando su lugar en la cruz.  La venta de indulgencias enfurecieron a Lutero por dos razones: eran un engaño y eran un abuso. 

 Desde el primer momento Lutero se convirtió en la voz de los sin rostro. De las miles y cientos de miles de personas que soportaban la explotación y abusos de la nobleza y de la iglesia, que lo único que querían de ellos era su fuerza de trabajo y su dinero.

 ¿Por qué hizo esto Lutero? Martín Lutero pertenecía a esa clase privilegiada. Su posición era acomodada y su educación profunda, pero no soportaba que la iglesia fuera utilizada para enriquecer a unos pocos en detrimento del pueblo.  Lutero quería que el Evangelio que le había salvado a él, llegara a toda Alemania y a todo el mundo. 

 Sus escritos sacudieron a la vieja Europa del siglo XVI . Destruyeron los principios medievales, machacaron los dogmas de una iglesia alejada de las Escrituras. Un hombre contra un Imperio y la Iglesia más poderosa de la Tierra. Parecía una lucha desigual, pero cuando los hombres obedecen a Dios, como dijo John Knox: “un hombre de Dios siempre está en mayoría”.

 ¿Por qué debemos seguir levantándonos los protestantes hoy en día? 

Debemos denunciar todo aquello que se dice en nombre de Dios y no está en las Escrituras: Paganismo ritualista, intermediarios entre Dios y los hombres, absoluciones plenarias, la necesidad de las obras, la riqueza de las iglesias, el odio al prójimo…

La labor debe hacerse hacia dentro y hacia fuera. Muchos preferirían el silencio a al murmullo de la multitud, la penumbra a la luz deslumbrante de Cristo. Lutero fue la voz de los sin rostro, seamos nosotros el eco de las palabras que en estos días retumban en las paredes de Wittemberg hacia el mundo: “El justo por la fe vivirá”.

martes, 25 de octubre de 2011

John Knox se hace protestante

En una época en la que dar testimonio público de tu fe podía costarte la vida, Knox se convirtió en uno de los líderes más carismáticos de su tiempo. ¿Cómo fue ese proceso?

Escocia, como la mayor parte de Europa, era un feudo católico. Un feudo no en sentido figurado, la Iglesia poseía la mayor parte de las tierras y hasta el rey se sometía a su voluntad. El poder de la Iglesia Católica era tan grande, que se daba la paradoja de que sus ingresos eran dieciocho veces superiores a los del rey.

 La muerte prematura de Jacobo V hizo que se proclamara a su hija María como reina de Escocia, pero como María era una niña, se nombró un regente: James Hamilton II .

James era un admirador de la Reforma y pidió ayuda a dos hombres para promocionar en el país la lectura de la Biblia. Uno de ellos era  Thomas Guilliame , un ex fraile y John Rough, un monje. Ambos se dedicaron a predicar y extender la Palabra de Dios a lo largo y ancho de Escocia.

 Knox fue uno de los muchos que escucharon las predicaciones de Guilliame . La predicación del ex monje le conmovió tanto, que renunció a su cargo de notario papal y se unió a la causa evangélica.

 Las facilidades para los protestantes terminaron tras la muerte de James Hamilton II, la madre de la reina fue proclamada regente y comenzó una persecución hacia los evangélicos . No olvidemos que la reina madre, María de Guise, pertenecía a la corona francesa, una de las que más persiguió a los reformados.

Mientras la persecución arreciaba, un nuevo evangelista comenzó a mover a las masas escocesas,  George Wishart . Knox fue a uno de sus sermones y terminó uniéndose al movimiento evangelístico que Wishart tenía en el reino. Knox sirvió de guardaespaldas al evangelista, ya que era corriente que grupos de fanáticos católicos acudieran a las reuniones para matar a los predicadores o los asistentes.

Después de unas semanas con Wishart, Knox regresó con sus pupilos, ya que se dedicaba a dar clases privadas. Al poco tiempo, Wishart fue apresado y ejecutado por el arzobispo de San Andrés.

Unas semanas después,  un grupo de caballeros aprovechó la salida del castillo de San Andrés de la amante del arzobispo, entró en el edificio y le ejecutó. Los caballero se hicieron con la ciudad y la reina madre envió fuerzas para aplastar a los protestantes.

El asedio comenzó 1546, pero un año más tarde, los caballeros seguían dominando la fortaleza. Knox se unió a ellos.  Dentro de las murallas del castillo, Knox dejó la espada y comenzó a utilizar la palabra . Se convirtió en predicador. Cuando los miembros del castillo le pidieron que fuera su pastor, Knox se echó a llorar. Nunca había imaginado que Dios le llamara para su servicio. El joven escocés había entrado al servicio de Dios, ya no lo abandonaría nunca.

 ¿Qué sucedió con el joven pastor? ¿Cómo contribuyó Knox al avivamiento de Escocia? 



Mario Escobar

Lutero y Valdés I

En algunos casos la simbiosis fue total , hasta el punto de que algunos erasmistas terminaron por separase de la línea ambigua, después de abierta condena, que tomó el Holandés  frente a Lutero, y su negativa a unirse a las filas de los reformados.  Uno de esos hombres era conquense, estudiante en Alcalá de Henares y ciudadano del mundo, se llamaba, Juan de Valdés.

Juan fue uno de los primeros españoles en abrazar la fe reformada, aunque sea difícil encasillarlo en cualquier tipo de dogmatismo. Tal vez, esta negativa a encasillarse, ha creado mayor dificultad; por ello algunos historiadores han puesto en duda sus ideas reformadas protestantes, queriendo asociarlo a los diferentes grupos de reformistas moderados que surgieron dentro de la Iglesia Romana.

Antonio Fernández Luzón se inclina claramente hacia el protestantismo valdesiano cuando afirma que  Juan de Valdés, al que Bataillon adscribió al erasmismo, es hoy generalmente admitido como luterano después de los estudios de Nieto, Gilly y Firpo [ii] .  Lo mismo pensaban Menéndez Pelayo, el Dr. Manuel Gutierrez, el Dr. José Flores; Werner Thomas habla de la aparición de Juan de Valdés como luterano en la lista de 1533, entregada al tribunal de Toledo por el clérigo manchego Diego Hernández [iii] .

Con el fin de  descubrir a la persona escondida detrás del “personaje” , introduzcámonos en sus vivencias más íntimas y en los primeros años de su formación, conociendo a su familia y algunas de las personas que lo rodearon en esta etapa.

Los Valdés provenían de una familia conversa de Cuenca, con precedentes de apoyo a la revuelta de los comuneros a favor del Marqués de Villena [iv] . El padre de Juan se llamaba Hernando y trabajaba bajo las órdenes de otro judío converso, el primer Marques de Moya, Andrés de Cabrera. Esta unión con los Marqueses de Moya permitió a la familia Valdés prosperar bajo su sombra. Cuando los Marqueses se pusieron durante la Guerra Civil de 1475 al lado de la entonces princesa Isabel, no podían ni imaginar los beneficios que esto iba a reportarles. De ser unos nuevos nobles, pasaron a ocupar una posición importante en la Corte Castellana. Hernando, por su parte, recibió la vacante de regidor de Cuenca. El padre de Juan se casó poco después con María de Barrera que procedía como él de familia conversa.

La pareja tuvo doce hijos de los que sólo nueve llegaron a la mayoría de edad. Por no enumerar a todos destacaremos a Andrés de Valdés, el primogénito, que ocupó el regimiento conquense del padre; Diego, Arcediano de Villena y canónigo de Cartagena; Francisco, maestre sala del Marqués de Moya y Alonso, secretario del emperador Carlos V. Los Valdés habían alcanzado en muy pocas generaciones un gran prestigio social, que hizo olvidar durante algún tiempo sus orígenes judíos. Alonso, por ejemplo, había llegado al escalón más alto dentro del sistema burocrático de su tiempo.

La única forma de ascender socialmente para un burgués en aquel momento era el ejército, la religión o la administración real. La carrera de Alonso no fue fácil, pero la ayuda de sus hermanos y el Marque de Moya, le allanaron el camino.

 Juan, que es la figura central de este capítulo, nació en 1501 , vivió alejado de la Corte, seguramente preparándose para ser sacerdote seglar o secular. Sus primeros estudios debió recibirlos en el patrocinio capitular existente en Cuenca, aunque poco se sabe de su vida en dicha ciudad. De allí  marchó a Escalona hacia el 1523 para entrar a trabajar en la casa de don Diego López Pacheco [v] .

La vida de Juan debió ser tranquila ya que el Marqués, de avanzada edad, pasaba sus últimos años en un apacible retiro alejado de las pasiones mundanas.  Según algunos procesos inquisitoriales, don Diego tenía a su cargo a un predicador acusado años más tarde de alumbrado, llamado Pedro Ruiz de Alcaraz [vi] . El Marqués, sus siervos y familiares escuchaban atentamente sus enseñanzas y  fue, con toda seguridad, el primer maestro espiritual de Juan.  Este primer contacto con temas espirituales le debió marcar profundamente, arrepintiéndose del tiempo perdido leyendo y viviendo mundanamente, preocupado en lecturas de caballería, como el mismo confiesa en su libro  Diálogo de la Lengua.

 En el año 1527 entró en la universidad de Alcalá de Henares , para estudiar griego y posiblemente también hebreo, teniendo como maestro a Francisco de Vergara. Durante dos años asistió a clase,  donde pudo observar por primera vez como corrían verdaderos vientos de reforma erasmista  en las aulas Alcalaínas. Joven amigable y de gran facilidad para el estudio, se ganó la simpatía de profesores y compañeros, convirtiéndose en pocos años en un verdadero erudito de lenguas clásicas como el griego, el hebreo y el latín. En el dominio del castellano se le consideraba un verdadero genio.

 Las inquietudes espirituales que Juan llevó a Alcalá, fruto de su conversión en Escalona, le hicieron reflexionar sobre la incapacidad del hombre para alcanzar la salvación por sus propias fuerzas. No se sabe a ciencia cierta, si estas ideas del pequeño grupo de la casa del Marqués de Villena, ahondan sus raíces en las tierras de la Reforma Alemana, pero por el número de obras de Lutero que circulaban en ciertos medios sociales y culturales, bien podían ser estas las inspiradoras de las prédicas de Alcaraz. El mismo Juan debió tener acceso a dichas obras por medio de su hermano Alonso.

 Las vivencias espirituales de Valdés, unidas a las lecturas anteriormente citadas, en un ambiente abierto y receptivo, como la Universidad Alcalaína, dieron a luz su libro:  Diálogo de Doctrina Cristiana [vii] . Sería un error creer que la voz de Juan era una gota en un océano de indiferencia, ya que sus inquietudes era compartida por un gran número de profesores y alumnos.

El  Diálogo de la Doctrina Cristiana  fue impreso por Miguel de Eguía, y vio la luz el 14 de enero de 1529. Juan prefirió no darse a conocer y la obra salió con autor anónimo. El libro armó un gran revuelo y fue entregado a una comisión de la Inquisición para ser examinado, la cual dictaminó que la revisión de algunos textos confusos era suficiente para darle el visto bueno y permitir su difusión, dejando dormir tranquilo a nuestro protagonista. Con este catecismo Valdés se anticipaba a los de Lutero, que aparecieron en abril y mayo de ese mismo año.

 Aunque el juicio del  Diálogo de la Doctrina Cristiana  puede parecernos benigno, hemos de añadir, que en una carta dirigida a los tribunales de distrito de la Inquisición desde la Suprema, órgano máximo de la Inquisición, con fecha 27 de Agosto de 1529, su lectura quedó prohibida. A pesar de todo su difusión es muy importante, de hecho Bataillon lo redescubrió en Lisboa, lo que nos habla de su difusión más allá de las fronteras castellanas. Entre los lectores afamados está el inquisidor de Navarra, Sancho Carranza de Miranda, que encantado con la obra la distribuyó por su diócesis.

 Otros proyectos de Valdés, como la traducción de algunos libros de Lutero y Escolampadio, pusieron a la Inquisición tras su pista. La protección que rodeaba a Valdés por parte de los profesores erasmistas, no podía frenar por más tiempo el brazo inquisitorial. En este periodo tan temprano a Valdés ya se le consideraba luterano, así lo defiende Llorente en su libro, aportando un documento de la Inquisición que dice:  (sus ideas) consideradas como luteranas y su autor declarado formalmente hereje. No se le pudo meter en prisión porque se había marchado de España [viii] .

 Sus perseguidores fueron estrechando el cerco y Juan decidió salir del país , antes de que la cosa llegara a mayores. Nuestro protagonista tuvo que dejar su amada Alcalá, ya que las nubes de la intolerancia y la represión empezaban a nublar el cielo hispano.

 
 
 
   [i]  José Luís Betran comenta en el libro coordinado por GARCÍA CÁRCEL,  Historia de España Siglos XVI y XVII,  Catedra, Madrid, 2003. pp 178-179:  el grupo de humanistas de París, muy vinculado a Erasmo, de los Población, Oliver o Gélida, iría tomando contacto con el luteranismo.  Algo parecido le pasó a Juan de Valdés y a otros reformados españoles.
 [ii]  GARCÍA CÁRCEL (coord),  Historia de España Siglos XVI y XVII,  Catedra, Madrid, 2003. pp 531-532.
 
   [iii]  THOMAS, Werner,  La Represión del protestantismo en España 1517-1648,  Leuven university Press, Louvain, 2003. p 170.
 
   [iv]  Ibídem . 169.
 
   [v]  Segundo Marqués de Villena.
 
   [vi]  De Alcaraz hemos hablado en el capítulo dedicado a los alumbrados o  dexados  de Toledo.
 
   [vii]  Bataillon vio en este libro la clara influencia de Erasmo, Nieto cree que las influencias de Valera venían de mano de los dexados y Alcaraz, y que su proyecto del Diálogo de Doctrina Cristiana es anterior a la estancia en Alcalá. NIETO,  Juan de Valdés y los orígenes de la Reforma en España e Italia,  Fondo Cultura Económico, Madrid, 1979. p 178.
 
   [viii]  Citado por NIETO, Op cit, p 231. Del libro de Llorente  Historia Crítica de la Inquisición.

viernes, 21 de octubre de 2011

MÁS ALLÁ DE TOPEKA

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Origen y creencias del movimiento pentecostal (IV)

El sabio Platón puso en boca de su amado maestro Sócrates las palabras aprendidas y las propias, hasta no llegar a distinguir entre lo uno y lo otro. Por ello cuando Sócrates en uno de sus diálogos memorables le dice a Fedro con respecto de la importancia de la verdad en el discurso: “Es aquel que unido al conocimiento se escribe en el alma del que aprende; aquel que por una lado sabe defenderse así mismo; y por otro hablar o callar ante quienes conviene” (1). Le informa que lo aprendido es imposible separarlo de lo propio, ya que todo, en definitiva, es aprendido. Los errores ajenos también pueden ayudarnos a recorrer el camino.

Los orígenes del pentecostalismo pueden remontarse casi hasta donde la imaginación alcance. Desde el Espíritu Santo moviéndose por la faz de las aguas, pasando por las escuelas proféticas, La voz audible de Dios a Samuel, la llenura del rey Saúl, el baile de David ante el arca o los sueños de Daniel, pero si bien, todos estos hechos definirían el pentecostalismo, como manifestación de Dios a través de los tiempos, no llegarían a aprehender los parámetros, medidas y formas del pentecostalismo contemporáneo.

Recorrer otro camino y llegar a los orígenes de la Iglesia, el día de Pentecostés, los Hechos de los apóstoles o las cartas apostólicas, nos ayudarían a acotar el origen y raíz de algunas doctrinas, pero tampoco servirían para identificar y expresar el pentecostalismo moderno. El pentecostalismo, aunque a los pentecostales no nos guste reconocerlo, tiene una tradición propia. Las raíces metodistas del pentecostalismo, que tantas veces se han argüido, los movimientos anabaptistas de tintes proféticos, el puritanismo inglés o las iglesias congregacionalistas norteamericanas, son base y raíz de algunos rasgos del pentecostalismo, pero, con toda seguridad, lo son de los más genéricos e interdenominacionales. Los mismos orígenes que se pueden ver en las Iglesias bautistas o las Asambleas de hermanos.

¿Dónde nace pues la verdadera raíz del pentecostalismo contemporáneo? Algunos críticos dirán, que en la teología milagrera de Dowie, en el fanático de Parham, en el mesianismo de la señora Beuhla o en Sanford, el fundador de la “lluvia tardía”. Todos estos y otros muchos son efecto que no causa del movimiento pentecostal. La raíz, como siempre que hay un nuevo despertar, un acercamiento a la Palabra de Dios, un deseo de santidad, nace de la aspiración del pueblo por buscar a Dios.

En palabras de Séneca SACRA POPULI LINGUA EST (2): “El Pueblo de Dios busca la auténtica voz de Dios”. Uno de los primeros líderes del nuevo movimiento nacido del Gran Despertar norteamericano y británico fue John Alexander Dowie. A Dowie no puede considerársele un pentecostal como tal, ya que no tiene algunos rasgos fundamentales como: el énfasis en los dones, las lenguas o la forma cúltica. A pesar de ello, Dowie fue uno de los iniciadores modernos de las grandes campañas evangelísticas, que luego se hicieron comunes en Estados Unidos, Australia o Reino Unido.

Nacido en 1847 en Edimburgo, Escocia, en el seno de una familia cristiana. Se integró rápidamente en la iglesia de sus padres, en una humilde capilla de su ciudad. A los trece años, después de su conversión, viajó con sus padres a Australia. A pesar de su escasa formación logró medrar en su nuevo país y convertirse en un hombre de negocios. A los veintiún años tomó la decisión de dedicar el resto de su vida a Dios. Estudió en la Universidad de Edimburgo en la Facultad de la Iglesia Libre. Su primera misión fue la de capellán de la enfermería de su facultad. Allí se decepcionó del trato que se daba a los enfermos y de las pocas esperanzas que proporcionaba la medicina en aquella época. Muchos autodenominados médicos eran simples mercachifles que sacaban fortunas a sus pacientes por supuestas recetas milagrosas. Tras su regreso a Australia pastoreó una iglesia en Alma, después pastoreó otras congregaciones por el país. Al llegar a la dirección de la iglesia de la calle Newton, en Sydney, una terrible epidemia de desató en la ciudad y que permitió que Dowie pusiera en práctica sus creencias sobre los dones de sanidades.

En 1876 se casó con Jeanie y dos años más tarde abandonó su denominación para crear una iglesia independiente. En 1888, Dowie estableció su residencia en California y comenzó campañas de sanidad por todo el estado. Después de recorrer todos los Estados Unidos se instaló en Chicago. Aprovechando la exposición universal que se hizo en la ciudad, el reverendo Dowie instaló a la entrada una carpa con un gran cartel que decía “Cristo es todo”. Abrió “Casas de Sanidad” por toda la ciudad, lo que levantó las iras de algunos sectores y fue acusado de abrir clínicas ilegales. Pagó una multa, pero el Tribunal Supremo le dio la razón en última estancia. Creo la revista “Hojas de Sanidad”, que tuvo un gran número de subscritores.

En el año 1900 planeó la construcción de una nueva ciudad llamada Sión, pero la soberbia logró que Dowie tomara en serio las adulaciones de algunos que le proclamaban el Elías que había de venir. En 1904 se autoproclamó Primer Apóstol, pero sufrió un ataque cardiaco mientras predicaba, tras una breve estancia fuera de la ciudad fue expulsado por el Consejo de la Ciudad de Sión.

Los últimos meses, antes de su muerte en 1907, recuperó la cordura y regreso al mensaje primigenio del Evangelio. J. V. V. Barnes dijo de él:
“...la última noche que John Alexander pasó en esta Tierra, estaba una vez más en el espíritu, sobre la plataforma, hablando a multitud de su gente. Esa noche predicó pensando que exponía los principios del evangelio a miles de personas. Mientas enseñaba las viejas verdades...cayó otra vez en un sopor...La última canción que cantó, mientras la luz del día comenzaba a asomarse fue: “Soy un soldado de la Cruz”.

A pesar de los graves errores de Dowie, su ministerio produjo miles de conversiones y confirmó en el pastorado a muchos predicadores que continuaron la labor que el abandonaba. Es fácil juzgar desde nuestra posición el envanecimiento de Dowie y su caída, pero la vanidad, el pecado más común de los predicadores, puede seducirnos a todos.

El profeta Jeremías nos da la clave para entender la Historia de la Iglesia y no caer en sus tropiezos cuando dice: Maldito el hombre que confía en el hombre(3). 

Lutero: una vida inspiradora


jueves, 20 de octubre de 2011

Transición en España y pluralismo

España es diferente. Si un visitante se acercara a nuestro país después de treinta años se daría cuenta de que muchas cosas han cambiado. La sociedad es multirracial, pluricultural y plurireligiosa, pero ¿se ha producido una verdadera Transición Religiosa?

 Esta semana pasada nos enfrentábamos a la buena noticia de que el gobierno militar en Egipto propondrá una Ley de Libertad Religiosa . Esto es un hito dentro de los países de mayoría musulmana. En la mayoría de las naciones en las que el Islam es mayoritario, incluida la europea Turquía, las leyes toleran pero no garantizan plena libertad a sus minorías religiosas.

¿Por qué comento esto dentro de la necesidad de una nueva Ley de Libertad Religiosa en España?

 Me ha sorprendido que varios evangélicos hayan manifestado su rechazo a una nueva Ley de Libertad Religiosa que dejará más espacio público a los musulmanes, sobre todo por el poco apego a la libertad religiosa que hay en sus países de origen. No podemos coartar la libertad de un colectivo porque sus correligionarios en otros países lo hagan a los nuestros.

Debemos exigir la condena de todo acto de violencia a los musulmanes españoles, al gobierno de nuestra nación y a los organismos internacionales, pero nuestro deber como cristianos y demócratas es revindicar la libertad para todos, sea cual sea su religión.

 Pero, ¿cómo cambiar unos privilegios históricos de la religión mayoritaria, tan enraizados dentro de la propia cultura española?

La Transición Religiosa no debe hacerse a costa de la marginación de la Iglesia Católica ni con la extensión de privilegios de esta a las demás confesiones. El modelo debe respetar el difícil equilibrio entre respeto a la religión dentro y fuera del marco público.  No pedimos más dificultades para la celebración católica en fiestas, actos civiles o religiosos, pedimos un equilibro proporcional y racional. 

Actos como la inclusión del 31 de octubre como fiesta nacional, como día conmemorativo de los evangélicos, podría ser ese tipo de pasos hacia la normalización. También el respeto a nuestras víctimas en los entierros de Estado, la participación normalizada en la vida cultural, social y religiosa de nuestro país.

La nueva Ley de Libertad Religiosa debe ser más rigurosa a la hora de facilitar la apertura de lugares de culto, sin dejar en manos de funcionarios, con sus propias creencias y prejuicios, la apertura o clausura de iglesias.

 Una parte del camino nos corresponde a nosotros, como cristianos evangélicos, hacerlo solos. Dejar nuestra posición defensiva y cerrada frente a la sociedad. Intervenir más en la cultura, las artes, la economía o la política. Influir con los valores del Reino de Dios, no guardarlos debajo de la tierra por miedo a contaminarnos con un mundo que espera con desesperación respuestas a sus eternas preguntas. La sal y la luz de nada sirven apartadas de la carne que se pudre o escondidas debajo de nuestro manto de temor, indiferencia o autocomplacencia.

Es el momento de actuar, no de mirar al vecino o compararnos con él. Es el momento de que el protestantismo salga a la calle para revindicar su espacio en la sociedad. Un espacio de luz y fe, en el que demostremos al mundo que hay otra manera de vivir y de soñar. Es el tiempo de celebrar juntos la fiesta de Dios, la buena noticia de salvación para todos.

martes, 18 de octubre de 2011

VALDES ANTES QUE LUTERO



Por Mario Escobar, escritor e historiador.

Estamos tan acostumbrados los hispanos reformados en ir a la zaga del protestantismo anglosajón que nos cuesta reconocer la labor de los pro-hombres de nuestra historia. Cuando mencionamos a precursores de la Reforma en seguida surgen nombres como Lutero o Zwinglio. Identificamos la Reforma hispana con algo importado y extranjero, pero la realidad es muy distinta. La pluma de Juan de Valdés estaba escribiendo su Diálogo de Doctrina Cristiana entre el 1527 a 1528, durante su estancia como estudiante en Alcalá de Henares. El libro salió editado el 14 de enero de 1529 el Catecismo Mayor de Lutero lo hizo  el mismo año en Alemania.

            Juan de Valdés no es tan sólo iniciador de la Reforma en Italia, desde su privilegiada base en Nápoles, es también el inspirador de la Reforma en España, ya que sus obras se encuentran entre los libros de los acusados en los Autos Inquisitoriales del 1559 y 1560. Además Valdés bebe de la fuente del grupo de los alumbrados, que es mucho anterior al luteranismo, y de las lecciones aprendidas en Escalona a los pies de Pedro Ruiz de Alcaraz, predicador laico del marques de Villena. Alcaraz defendía algunos ideas y doctrinas que más tarde se considerarán luteranas, pero que el aprende por la lectura de la Biblia. El proceso inquisitorial que sufrió Alcaraz en 1524, nos permite conocer cuales sus máximas. Entre estas están la lectura de la Biblia y la creencia en la inspiración divina para leerla, libertad del cristiano de ritos y ceremonias, guía del Espíritu Santo, creencia en la Gracia Divina, abandono de adoración y peticiones a imágenes. Todas estas doctrinas las escuchó por primara vez Alcaraz de boca de una mujer, Isabel de la Cruz, terciaria de los franciscanos hacia el 1511 ó 1512.

Juan de Valdés enraíza por tanto de una fuente más antigua que Lutero y Erasmo, sus ideas de reforma trascienden lo moral y tocan directamente los domas principales de la Iglesia de Roma. En su Diálogo de Doctrina Cristiana podemos verlo fácilmente.

Por este mismo espíritu hemos de creer que fueron inspirados los que nos escribieron los libros del Viejo y Nuevo Testamento, sin cuyo favor y gracia ninguno alcanza vida ni salud eterna...Así que, cuando yo oigo que es la voluntad de Dios que no adore dioses ajenos, mejor vengo en conocimiento de lo que en esto he pecado que si me dijese "adora a un solo Dios"...este mandamiento se quebranta con el pecado de la idolatría...adorar a un madero, una piedra, un animal o alguna cosa tal...Es más fuerte la gracia de Dios, con la cual fácilmente lo podremos cumplir, y considerar esto, pedidla a Dios con humildad, y yo os prometo que no os la negará, y veréis cuan liviano y sabroso es lo que ahora os parece pesado y áspero...Porque si es bueno que no pequen, también será bueno que no tengan necesidad de confesarse...Leed en la Sagrada Escritura, a donde declara Dios en esto su voluntad en muchas partes, y haced conforme a lo que leyereis.

Estos fragmentos nos dan idea de algunas de las creencias de Juan de Valdés. Ideas originales que nos hablan de una Reforma Española contemporánea de la de Alemania, no heredera o hija de ella. Ciertamente Juan de Valdés no clavó susCiento y diez consideraciones en las puertas de la Universidad de Alcalá de Henares, pero sus escritos fueron traducidos al italiano, francés e inglés. Valdés fue antes que Lutero, grato honor en la historia de la Reforma.


lunes, 17 de octubre de 2011

PENTECOSTALISMO, CARISMATISMO Y NEOCARISMATISMO

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Origen y creencias del movimiento pentecostal (III)

John Stott en su libro “El Cristianismo Contemporáneo” afirma que el Espíritu Santo es el gran protagonista del libro de los Hechos y, por extensión de toda la historia de la Iglesia. Pentecostés siempre ha formado parte inequívoca del momento fundacional de la fe cristiana. Pentecostales, en cierto modo, los somos todos.

La base común de Pentecostalismo, carismátismo y neocarismatismo es el énfasis que ponen estos tres movimientos en la persona del Espíritu Santo. Las diferencias entre los tres movimientos son numerosas. El pentecostalismo surge, como ya hemos apuntado en otros capítulos, del movimiento de santidad y sanidad de finales del Siglo XIX. Para los pentecostales, los dones y las sanidades milagrosas son parte esencial de la predicación del Evangelio y la edificación de la Iglesia.

Doctrinalmente el pentecostalismo comparte la declaración de fe de cualquier iglesia evangélica. Los pentecostales forman un movimiento del que participan varias denominaciones (Asambleas de Dios, Biblia Abierta, Iglesia Apostólica Pentecostal, etc.). Al formar parte de un movimiento, su forma cúltica, el gobierno de la iglesia y estructura denominacional varían considerablemente. El pentecostalismo es heredero de los pioneros pentecostales del siglo XIX, pero ya en los primeros momentos de su historia se produjeron discrepancias internas relacionadas con la forma de entender la expresión pública de los dones, la alabanza o el uso de las lenguas espirituales. Tal vez, la primera discrepancia del movimiento pentecostal surgió entre Charles Fox Parham, responsable del avivamiento de Topeka (Kansas), y William J. Seymour, pastor de la calle Azusa (California), cuando el primero cuestionaba la forma exaltada de las reuniones que se celebraban en la iglesia del segundo. Los dos eran pentecostales, pero no compartían la forma y orden que debía de tener el culto.

Fuera del movimiento pentecostal surgieron individuos, iglesias y, en algunos casos denominaciones, que aceptaron la mayor parte de las creencias y formas de las iglesias pentecostales, pero que no se integraron dentro de las denominaciones clásicas del pentecostalismo, conservando algunos de los rasgos de su denominación originaria. El caso más notable es el de la Iglesia Metodista Pentecostal de Chile, surgida a principios del siglo XX de la Iglesia Metodista. Aunque el nombre de esta denominación sea pentecostal, realmente constituye un movimiento carismático dentro del metodismo.

Junto al carismátismo de corte evangélico, surgió un carismátismo de origen católico, nacido en Estados Unidos en el año 1967 entre un grupo de estudiantes y en la actualidad aglutina a más de 100 millones de católicos.

Las diferencias entre pentecostales clásicos y carismáticos es evidente. Los pentecostales clásicos crearon sus propias denominaciones marcando, dentro de la diversidad, unos cánones básicos de culto y doctrina; los carismáticos por el contrario, son grupos que nacen dentro de denominaciones o iglesias ya establecidas, que incorporan las doctrinas pentecostales referidas al Espíritu Santo, pero sin renunciar a su propia tradición y singularidad.

¿Qué son los grupos neocarismáticos? Estos grupos, surgidos en los años ochenta y noventa del siglo XX, forman un movimiento en sí mismos. Su énfasis ya no es tanto la evangelización, la Biblia y la renovación, como la sanidad emocional, las manifestaciones espirituales y las expresiones externas de espiritualidad. Este énfasis en las manifestaciones externas les lleva, en algunos casos, a aparcar los estudios de la Biblia o realizar estos de una manera meramente devocional. Algunos grupos carismáticos hacen especial énfasis en la prosperidad económica de los creyentes, relacionan la enfermedad con el pecado y tienden a ser más propicios al ecumenismo, ya que no se consideran dogmáticos.

Los tres movimientos comprenden numerosas denominaciones y están integrados como corriente en la mayoría de las iglesias cristianas. Generalizar sus prácticas, formas, doctrinas o peculiaridades, sería injusto, ya que cada uno de ellos responde a una tradición, énfasis y visión del evangelio distinta.

Próxima semana: Orígenes históricos del pentecostalismo moderno.



Artículos anteriores de esta serie:

1 De Pentecostés a la Nueva Era
2 Un abismo entre Pentecostés y Nueva Era



Mario Escobar Golderos es licenciado en Historia, diplomado en Estudios Avanzados por la Universidad Complutense de Madrid y director de la revista «Nueva Historia para el Debate» 

John Knox: el hombre que reformó la Iglesia en Escocia


John Knox: el hombre que reformó la Iglesia en Escocia
En la universidad conoció a Juan Major, antiguo profesor de Juan Calvino.
15 DE OCTUBRE DE 2011

 Tal vez la fama de personajes como Lutero, Calvino o Zwinglio ha opacado a figuras como Juan Knox o Jorge Fox, pero son personajes muy importantes de las grandes transformaciones que sufrió la iglesia en los siglos XVI y XVII.

Juan Knox es uno de los escoceses más significativos de la historia. Hijo de un comerciante de la pequeña localidad de Haddington, nació para la historia en 1514. Su familia estaba bien relacionada con los condes de Bothwell, que dominaban con mano de hierro la región al sur de Edimburgo.

El joven hijo del comerciante aprendió sus primeras letras en la escuela de su pueblo. Juan era tan buen estudiante que tras terminar la escuela básica se convirtió en el tutor de los hijos de una familia noble. Cuando estos fueron enviados a estudiar en la Universidad de San Andrés en 1529, Knox fue con ellos parar participar como oyente.

 La vida de Juan estaba a punto de cambiar. En la universidad conoció a Juan Major, que había sido profesor de Juan Calvino . El joven quedó prendado al principio de la oratoria del profesor, que igual condenaba las prácticas católicas como algunos excesos de Lutero, pero al poco tiempo, las ideas de Juan le distanciaron de su maestro.

Knox era un joven impetuoso, muy interesado en la lectura y estudio de la Biblia, pero que no veía en el libro sagrado un mero texto para interpretar intelectualmente.

 La muerte en 1528, del primer mártir protestante en Escocia, Patrick Hamilton, conmovió profundamente a Knox, que se identificaba con el Evangelio sencillo que la Biblia enseñaba.

La búsqueda había comenzado. Los años siguientes, Knox se centró en el estudio de los padres de la Iglesia, quería llegar a las fuentes del Cristianismo y depurar su néctar más sagrado. Jerónimo, Agustín, entre otros, llenaban sus horas de lectura. Al final, Knox llegó al convencimiento que la Biblia era la única fuete de verdad, todo lo demás debía ser rechazado. Aun así se convirtió en sacerdote católico en 1536 y fue nombrado notario papal unos años más tarde.

 ¿Qué sucedería en la vida de Knox para que uniera a la causa de la Reforma? ¿Qué le convirtió en uno de los líderes más carismáticos de su tiempo? 

jueves, 13 de octubre de 2011

UN ABISMO ENTRE PENTECOSTÉS Y NUEVA ERA



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Segundo artículo de la serie Pentecostales escrita por el historiador Mario Escobar Golderos.

Origen y creencias del movimiento pentecostal (II)

¿Es el pentecostalismo y el carismátismo una versión “paganizada” del cristianismo? ¿La Nueva Era y el pentecostalismo beben de las mismas fuentes y emplean las mismas técnicas? Publio Ovidio Nasón describe en su libro “Las Metamorfosis” las distintas edades del hombre y los cambios que este ha sufrido a lo largo de la historia. Al principio, en la Edad de Oro, “la buena fe y la justicia eran las únicas leyes...todo el año era primavera (1)”. Esta visión mítica del pasado no contribuye a la comprensión del presente, que es mucho más complejo y enriquecedor de lo que puede parecer a primera vista. La Biblia nos advierte sobre esta tendencia mitificadota cuando afirma: “ Nunca digas: ¿Cuál es la causa de que los tiempos pasados fueron mejores que estos? Porque nunca de esto preguntarás con sabiduría (2)”. Cada época ha de juzgarse a la luz de su propio signo. De nada sirve hablar de un idílico pasado, donde la “sana doctrina”, sin mancha, era la luz que iluminaba “el camino de la fe”.
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La Nueva Era es un movimiento muy complejo y diverso. Algunos identifican su origen en la Sociedad Teosófica, fundada en 1875 en Nueva York por la espiritista rusa Helena Petrovna Blavastky. Su doctrina, una mezcla de espiritismo y ocultismo, pretendía beber de las fuentes del saber oriental; especialmente del hinduismo. Junto a la Teosofía otros movimientos como Nueva Acrópolis, Control Mental Silva, Meditación Trascendental o la Gran Fraternidad Universal han fomentado las ideas de la Nueva Era.

¿Cuáles son las tesis del movimiento Nueva Era? ¿Coinciden con los planteamientos pentecostales? La Nueva Era, como su propio nombre indica, promulga una nueva época, la “Era de Acuario”, que vendrá a sustituir a la “Era de Piscis”; época caracterizada por el poder espiritual del cristianismo.

La Nueva Era defiende que el mundo está apunto de entrar en una nueva época de paz y armonía. Las iglesias pentecostales , por el contrario, son pesimistas en cuanto al futuro de la humanidad hasta la segunda venida de Cristo. Los distintos predicadores pentecostales, tal es el caso María Woodworth-Etter, Parham, Lake o Wigglesworth, eran extremadamente pesimista con respecto a la situación del hombre en la tierra; en consonancia con la escatología bíblica y la situación caída del ser humano.

La Nueva Era tiene una concepción panteísta (3) de Dios. Su visión panteísta de la divinidad conlleva una antropología “optimista”, convirtiendo al hombre en parte de la divinidad, hasta llegar a divinizarlo por completo. Para los seguidores de la Nueva Era Dios es una energía vital, informe, amoral y relativa. Esta “teología” difiere notablemente de la teología pentecostal , en la que Dios es persona y no energía; tiene una actitud moral y, a pesar de ser omnipresente, no se diluye en todos los seres y cosas de la creación.



Los seguidores de la Nueva Era no creen en las verdades absolutas, para ellos no existe ni el bien ni el mal, cada hombre dicta sus propias normas. Las iglesias pentecostales enseñan que la ley de Dios, expresada en la Biblia y en los mandatos apostólicos, es la fuente de toda moral y conducta.

El Jesús de la Nueva Era es tan sólo un maestro iluminado más; para las iglesias pentecostales es el Hijo de Dios, segunda persona de la Trinidad, único camino hacia Dios, enviado a la tierra para morir por los pecados de toda la humanidad.

Podríamos seguir citando numerosas diferencias doctrinales entre la Nueva Era y el movimiento pentecostal, pero con las que hemos apuntado, podemos hacernos una idea de las grandes diferencias que separan a estos dos movimientos.

En cuanto a las formas y expresiones externas la Nueva Era y el pentecostalismo también difieren completamente . La meditación no tiene nada que ver con la oración; las lenguas espirituales no son un mantra, ya que el creyente siempre tiene el control; en los ritos de la Nueva Era se suele utilizar música suave, viajes astrales, comunicación con los muertos. Todas estas prácticas están condenadas por todas las denominaciones pentecostales. En el caso de las Asambleas de Dios, en el Concilio General de 1916 se aprobó una declaración de verdades fundamentales, con el propósito de llegar a la unidad doctrinal, cuidar a los nuevos convertidos, fomentar la evangelización, federar a los ministros de culto y crear escuelas bíblicas para la formación de pastores. En el año 1924 en Hot Springs (Arkansas) se formalizó la unión definitiva de las primeras iglesias pentecostales bajo el Concilio General de las Asambleas de Dios. Otros grupos, como la Iglesia del Espíritu Santo, han sido excluidos de la comunión pentecostal por sus prácticas cercanas a la brujería, pero estos constituyen un porcentaje insignificante en el movimiento pentecostal.

Lutero nos indicó el camino al decir: “Minime vero veritati praeferendus est vi (4)” . En los próximos artículos veremos a hombres movidos por el Espíritu de Dios, pero que en muchos casos erraron y en otros llegaron a apartarse, pero junto a ellos hay una gran nube de pastores y evangelistas que han sembrado la tierra con la Palabra de Dios.

Procuraremos escribir esta serie de artículos bajo la máxima del sabio Kung-tsé (Confucio): “El mayor defecto de los hombres consiste en preocuparse en arrancar la cizaña de los campos ajenos, descuidando el cultivo de sus propios campos; son muy exigentes con los demás...mientras que con ellos mismos se muestran condescendientes en exceso..." (5)






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(1) Ovidio Nasón, Publio, Las Metamorfosis, Espasa-Calpe, Madrid, 1985. Pág. 19.
(2) Sagradas Escrituras. Libro de Eclesiastés 7: 10.
(3) Panteísmo: Monismo inmanentista en el que Dios y el cosmos (totalidad de la existencia) son una misma cosa.
(4) Marín Lutero: Por ningún motivo se tiene que preferir un hombre a la verdad.
(5) Kung-tsé, Los cuatro libros clásicos, Ediciones B, Barcelona, 1999. Pág. 453.

ORIGEN Y CREENCIAS DEL MOVIMIENTO PENTECOSTAL I


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1. La nostalgia del racionalismo: De Pentecostés a la Nueva Era.

El pentecostalismo es la realidad religiosa más enérgica del cristianismo moderno. En sus cien años de historia contemporánea el movimiento pentecostal ha cambiado iglesias, formas cúlticas y transformado la vida de millones de personas. La revolución espiritual del movimiento pentecostal y su variante carismática está detrás, en buena medida, del espectacular crecimiento evangélica de los últimos veinte años.

El famoso evolucionista y humanista el doctor Ashley Montagu, profesor en la Universidad de Princeton afirmó sobre la verdad: “La verdad absoluta pertenece solamente a una clase de humanos, la clase de los necios absolutos”. Con esta lapidaria afirmación el Dr. Montagu dinamitaba los últimos restos del racionalismo y el humanismo modernista.

El final de la “verdad absoluta” se constituía, paradójicamente, en la tumba del pensamiento modernista y su componente ateo. El humanismo, nacido del Renacimiento con sus fuertes dosis de optimismo; la Ilustración, con su idea de progreso y la bondad innata del hombre; el Racionalismo y su “fe” en la ciencia como fuente de toda verdad objetiva, terminaban juntos en el saco roto del Posmodernismo.

Dos guerras mundiales, numerosos conflictos armados, el hambre en el Tercer Mundo, la mecanización del hombre y el fracaso de los ideales marxistas, devolvían al hombre hacia sus viejos dioses irracionales. Podríamos parafrasear al filósofo y decir: “La razón ha muerto”. Junto a ella, las plañideras de la teología liberal, la teología de la liberación y la madre de todas las teologías, hacen coro. Después de varias décadas aproximándose al racionalismo, la “vanguardia teológica” se hunde en el más profundo desconcierto. Tras trivializar la Biblia, descomponerla en infinitas partes, experimentar la critica racionalistas feroz y el Reino de los Cielos, aquí y ahora, la “Biblia racionalista” ya no sirve en un mundo irracional.

El teólogo Gabriel Marcel dice acerca de una religión sin misterio: “sin el misterio, la vida sería irrespirable”.

Podemos decir ante la tumba de la modernidad lo que Antonio ante el cuerpo de Julio César: “Ayer mismo, la palabra de César podía enfrentarse al mundo; ahora yace ahí, y nadie es tan poca cosa que le haga reverencia ”.

La “Vieja Tierra” está preparada para recibir a los nuevos sacerdotes de los nuevos dioses (religiones orientales, espiritismo, religiones africanas, fenómeno ovni, misterios exotéricos, brujería), pero unidos a todo este nuevo movimiento espiritual, de una manera sorprendente y fuera de todo programa, las iglesias evangélicas comienzan a crecer en los cinco continentes. Uno de los motores principales de este crecimiento han sido sin duda las iglesias pentecotales. Esto nos lleva a las siguientes preguntas: ¿El pentecostalismo y la Nueva Era son dos caras de la misma moneda? ¿Las iglesias pentecostales son una consecuencia más de la reacción posmoderna?

Lo único que el pentecostalismo tiene en común con los “Nuevos Movimientos Religiosos” y la “Nueva Era” es el deseo de dar respuesta al gran vacío existencial del ser humano, pero la forma y el fondo de sus respectivos mensajes son totalmente opuestos.

El movimiento pentecostal es tan amplio, diverso y rico, que difícilmente podremos resumirlo en esta serie de artículos, pero intentaremos acotarlo desde un punto de vista sociológico, histórico, cultural y antropológico; evitando el debate teológico, ya que, si uno quiere tener enemigos irreconciliables métase en teologías. Por eso yo digo como en el proverbio medieval: Aude, vide, tace, si vis vivire en pace .

Por último, agradecerle a Manuel de León sus artículos, sin cuyo acicate estos artículos no habrían visto la luz. Terminando de nuevo con las palabras de mi querido Antonio ante el cuerpo del héroe muerto: “¿Vais a tener paciencia? ¿queréis esperar un poco? Me he excedido al hablaros de ello: temo que agravio a los hombres honrados cuyas dagas apuñalaron a César: lo temo”.


Próximos artículos:
2. La Nueva Espiritualidad en un Mundo Viejo: posmodernidad y pentecostalismo.
3. Pentescotalismo, carismatismo y neopentecostalismo.
4. Orígenes del pentecostalismo moderno: Más allá de Topeka.
5. El pentecostalismo como movimiento de integración racial.
6. El fuego pentecostal y la renovación de la liturgia protestante.
7. Pentecostalismo: una religión para los humildes.
8. La actitud moral del pentecostalismo.
9. El ecumenismo pentecostal: Llegando a todos desde la base.
10. Carismatismo católico: ¿Una esperanza de renovación?
11. Los pentecostales: un movimiento de poder.
12. La fuerza evangelizadora del pentecostalismo: la locura de la predicación.
13. Libertad cristiana frente a dogmatismo.
14. Los nuevos movimientos religiosos: posbiblismo y gnosticismo.
15. Un siglo XXI pentecostal, como Joel profetizó.
16. Una sola labor, una sola denominación.